La Fiscalía pide tres años para dos mossos por dar una paliza a un detenido

La Fiscalía ha solicitado hoy tres años de prisión para dos mossos d’esquadra, uno de ellos reincidente, acusados de golpear y patear a un presunto traficante en plena calle del barrio barcelonés del Raval, y ha pedido que se impute a otros tres agentes por presenciar la paliza sin hacer nada por impedirla.

En la sección octava de la Audiencia de Barcelona se ha celebrado hoy el juicio contra los mossos d’esquadra Óscar R. y Juan Luis Ibáñez, agente que en el año 2010, cuando sucedieron los hechos, había sido condenado por la Audiencia de Barcelona a tres años de cárcel y otros ocho de inhabilitación por lesiones y detención ilegal a un hombre al que confundió con un delincuente.

Juan Luis Ibáñez se ha sentado hoy de nuevo en el banquillo de los acusados junto a Óscar R., ambos agentes de la comisaría de Ciutat Vella de Barcelona, para afrontar una petición de un año de cárcel, que la Fiscalía ha acabado elevando a tres al término del juicio al aplicar la agravante de abuso de superioridad. Además de esa modificación de su escrito de acusación inicial, el fiscal ha pedido a la sala que deduzca testimonio y abra diligencias contra otros tres mossos d’esquadra, uno de ellos sargento, que hoy han declarado como testigos y que, en opinión del ministerio público, son tan culpables de la paliza como los dos procesados por haberla presenciado sin intervenir para evitarla.

La paliza al supuesto traficante ha llegado a juicio gracias a la denuncia presentada por una pareja del barrio del Raval que, desde su balcón, la vio, la fotografió y acudió a la comisaría de Mossos d’Esquadra de Barcelona para denunciarla, aunque, según su relato, los agentes les impidieron hacerlo.
Por ese motivo, ha explicado hoy la pareja, decidieron presentar directamente en los juzgados de guardia la denuncia por lo sucedido, que les dejó impresionados no solo por ser un maltrato “muy violento”, sino porque llegaron a temer que el detenido había muerto a consecuencia de los golpes.

Los testigos han contado que se despertaron a media noche al escuchar los gritos de auxilio del detenido, que chillaba “mama” y “socorro”, y que entonces vieron a dos agentes golpeando y dando patadas en la cabeza al presunto traficante, ya inmovilizado en el suelo. Según el relato de estos testigos, mientras al menos dos agentes golpeaban al detenido, otros dos o tres se dedicaban a perseguir con defensas extensibles a todo el que se acercaba al lugar de la agresión y, al darse cuenta de que estaban siendo fotografiados, una pareja de mossos se apostó a la puerta de su edificio, mirándoles fijamente a los ojos y en actitud intimidatoria.

En el juicio no se ha podido escuchar la versión del supuesto traficante, que se encuentra en busca y captura, aunque en los autos figura su parte médico, que acredita que llegó a los calabozos con nueve heridas, cinco de ellas en la cabeza y que en algún caso precisaron puntos de sutura. Por su parte, los dos agentes acusados han coincidido en explicar al tribunal que se limitaron a inmovilizar al detenido, sin golpearlo en ningún momento, utilizando para ello “técnicas y métodos” aprendidos en la Escuela de Policía.

Los procesados han resaltado la “gran agresividad” del detenido, que mordió a uno de los agentes, repartió puñetazos y, ya esposado, rompió los vidrios de la mampara del vehículo policial en el que iban a trasladarlo. “Estaba fuera de sí. Cuando acabé de reducirlo, me quedé exhausto. No tenía fuerzas”, ha apostillado Óscar R. Como en un bloque, la decena de agentes que han declarado como testigos -entre ellos los tres a los que el fiscal quiere ahora imputar- han destacado con detalle ante la sala el comportamiento violento del detenido, pero no recuerdan haber visto golpear a los policías ni el charco de sangre en el suelo que la pareja denunciante fotografió.

Pese a carecer del testimonio clave del presunto traficante, el fiscal ha dado credibilidad a la pareja de vecinos y ha celebrado que en esta ocasión se pueda disponer de un testimonio imparcial, cuando “normalmente estas cosas se quedan en la soledad”, mientras arremetía contra lo que cree una “extralimitación absolutamente inadmisible en un cuerpo policial”.

Fuente: “La Vanguardia”.

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