El círculo Bárcenas reaviva el frente que en el 2008 intentó tumbar a Rajoy

Deambulando en su trágica noche madrileña, Max Estrella y Latino de Hispalis  llegan a la redacción de El Popular. Escena séptima de Luces de Bohemia, señera  pieza teatral de Ramón del Valle-Inclán. Les recibe Don Filiberto, redactor jefe  del más incisivo periódico madrileño (bien comunicado con el Ministerio de la  Gobernación). Sala baja con piso de baldosas. En el centro, una mesa larga y  negra, rodeada de sillas vacías, que marcan los puestos, ante roídas carpetas y  rimeros de cuartillas que destacan su blancura en el círculo luminoso y verdoso  de una lámpara con enagüillas. La extraña pareja quiere denunciar un atropello  de la policía. Don Filiberto dribla y les expone su teoría de los círculos  concéntricos: «El Congreso es una gran redacción y cada redacción, un pequeño  Congreso. El periodismo es travesura, lo mismo que la política. Son el mismo  círculo en diferentes espacios».

El círculo. El preso Luis  Bárcenas ha nombrado albacea al director de El Mundo y en veinticuatro  horas han aparecido unos papeles. Estadillos  de una supuesta contabilidad B del Partido Popular, en los que aparece el  nombre de Mariano Rajoy. En enero, el diario El País ya publicó  unos primeros apuntes; fotocopias de un estadillo. En aquella documentación el  actual presidente del Gobierno no aparecía como presunto perceptor de  sobresueldos. En la documentación divulgada ahora, sí. Son apuntes referidos a  los años 1997, 1998 y 1999, en los que Rajoy era ministro del Gobierno Aznar. En  este último estadillo también aparecen cifras supuestamente consignadas a los  exministros Francisco Álvarez-Cascos, Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja y Javier  Arenas. Esos emolumentos habrían vulnerado la ley de Incompatibilidades entonces  vigente. Ninguna referencia a José María Aznar, por el momento.

El preso  ha nombrado albacea y el ventilador se ha puesto inmediatamente en marcha en un  Madrid agobiado por el calor africano. Ingresado  preventivamente en Soto del Real mientras la Audiencia Nacional investiga el  origen de una fortuna de 42,8 millones de euros localizada en unas cuentas en  Suiza a su nombre, Bárcenas mueve hilos y el estadillo con el nombre de Rajoy  comienza a interesar a la prensa internacional. El ministro de Asuntos  Exteriores, José Manuel García-Margallo,  siempre atento a la evolución de la marca España, tuvo que reconocer ayer que la  presunta venganza del extesorero del partido gobernante puede perjudicar una  reputación española desde hace meses muy castigada por la crisis.

En  el Partido Popular, caras largas y un madrugador comunicado en el que se  rechaza la veracidad del supuesto estadillo. El presidente del Gobierno,  hermético y consciente de la dirección que toma «la última flecha del carcaj  dorado», según lírica expresión de Luis María Anson, insigne pluma de la escuela  de El Popular. «El periodismo es travesura, lo mismo que la política».

El  preso, el albacea y el carcaj (ya sin flechas, según Anson). Y a su alrededor,  un círculo. El mismo círculo que en el 2008 intentó expulsar a Rajoy de la  presidencia del Partido Popular después de su segunda derrota ante el socialista  José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo círculo. Esperanza  Aguirre no podía faltar a la convocatoria. Cual Diana cazadora, la  expresidenta de Madrid disparó ayer su flecha: «Si ha habido irregularidades  habrá que reconocerlas y pedir perdón». (Está en curso una investigación  judicial para averiguar si la Comunidad de Madrid, bajo la presidencia de  Aguirre, fragmentó facturas de la red Gürtel para sortear controles).

El  círculo del 2008, con algunos nombres de antaño. El abogado Miguel Durán,  expresidente de la ONCE, defensor de Pablo Crespo, número dos de Gürtel. «Bárcenas  puede hacer caer al Gobierno«, declaró ayer a RAC1, después de visitar al preso. El exmagistrado de la  Audiencia Nacional, Javier Gómez de Liaño, inhabilitado por prevaricación (caso  Sogecable) e indultado por Aznar, citado ayer como posible abogado de Bárcenas,  tras la renuncia de sus anteriores letrados.

Fuente: «La Vanguardia».

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